Eurovision, Chanel y las nuevas formas de censura (II)

Actualizado: 31 ago

Sigamos con el "caso Chanel".


Acusar a la interpretación de la artista de cosificar a la mujer resulta surrealista. Por varias razones:

  1. Lo que más puede denigrar la imagen de las mujeres es tratarlas como si se hallasen en una perpetua minoría de edad, de modo que ciertas "lideresas" autoinvestidas con una presunta infalibilidad mesiánica tengan que "aleccionarlas" respecto de cuáles han de ser sus gustos, qué han de estudiar, cuáles los trabajos a los que dedicarse o, en fin, cómo han de vestir. Que es justo el tipo de vejaciones a las que se sometía a las mujeres durante la dictadura franquista. Las nuevas paladines de la censura parecen no haberse enterado de que España es una democracia, y ello entraña que las mujeres dispongan, igual que los hombres, de su derecho a la educación (art. 27 CE), al trabajo (art. 35 CE) y a la propia imagen (art. 18 CE); y ese derecho comprende decidir cómo ejercerlo, sin que ninguna presunta mente preclara les tenga que imponer modelos de conducta.

  2. Concluir que una joven va a convertirse en un objeto sexual por escuchar/bailar una pieza musical es tomar a las chicas por estúpidas. Es decir, supone adoptar roles machistas. A mis compañeras de curso en el instituto les gustaba "Material Girl" de Madonna, y no por ello se convirtieron en personas venales, del mismo modo que a mí me gustaba Loquillo y no me hice camionero para ser feliz. De hecho, esas amigas de juventud tienen a día de hoy mucha más cualificación profesional que la mayoría de los críticos de la actuación de Chanel (e incluyo entre ellos a los diputados que elevaron la crítica al seno del Parlamento). Y por si fuera poco, la incoherencia de las críticas roza el esperpento: se pretende modificar la legislación a fin de que una chica de 16 años pueda decidir si abortar sin constemiento paterno... ¿pero si la misma muchacha escucha a Chanel se va a convertir en una prostituta? Al final, algunos feminismos extremos sólo consideran la madurez de la mujer para ciertos aspectos; para otros , las mujeres entran dentro de la antigua categoría civil de "incapaces".


Realmente quienes cosifican a la mujer son aquellos que critican a Chanel y su intepretación empleando los argumentos antes referidos. Según he podido leer, logopedas, entrenadores de la voz, artistas y bailarines profesionales han encomiado la actuación de la española. Y no es necesario ser musicólogo ni haber cursado danza clásica para percatarse que lo que hace esa artista está al alcance de muy poca gente: tal despliegue de movimientos de dificilísima ejecución, sin mostrar fatiga en la voz y mantiendo exactamente el mismo nivel de entonación resulta realmente asombroso. Se puede cantar bien, o ser un gran bailarín, pero juntar las dos cosas simultáneamente y hacerlo como si fuese lo más fácil del mundo representa un ejercicio de talento descomunal. Esta combinación ha motivado que alguno reprochara a Chanel Terrero ser una imitación de Beyoncé o Jennifer López, como si eso entrañase un descalificativo... ¡ojalá yo hubiera sido una imitación de Michael Jordan cuando jugaba al baloncesto en mis años mozos! Que te comparen con artistas de talla internacional y con una carrera profesional ya consolidada demuestra simplemente tu buen quehacer.


Pero no es sólo talento: está claro que este tipo de actuaciones sólo puede lograrse tras trabajo... muchísimo trabajo. ¿Y acaso no son el esfuerzo y la dedicación valores que merezca la pena transmitir a nuestros jóvenes? Bueno, ciertamente el trabajo no será algo de lo que enorgullecerse para algunos de los críticos de Chanel, que viven del cuento o ejercen cargos institucionales que les reportan pingües beneficios sin hacer nada de provecho. Y que critiquen en prensa, twitter y en sus escaños parlamentarios una canción de Eurovisión, en vez de centrarse en arreglar el país, así lo refleja.


Decía previamente que quienes denostan la interpretación de Chanel con los planteamientos que ya he mencionado son los que realmente cosifican a la mujer. ¿Por qué? Muy sencillo: porque en vez de ver en su actuación ese enorme despliegue de talento y en lugar de preguntarse "¿cuántas horas de ensayo y sacrificio se necesitan para hacer algo así?" en su miopía psicológica sólo ven un traje ceñido. Es decir, justo lo mismo que vería un retrógrado machista. ¡Los extremos se tocan!


Hasta aquí. Vamos en pequeñas dosis. En otra entrada mostraré que de lo anterior hay ejemplos en el pasado reciente. En momentos en los que el puritanismo era dominante. Como a día de hoy, no nos engañemos.

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